Lanna Romatowski.
Please don't ask me who, who you think I am, i could live without that , i'm just a modest man.
domingo, 27 de octubre de 2013
La vida diaria ya te saca astillas.
Al parecer tiene los ojos tapados o la luz es nula, hace fuerza con la vista pero no logra distinguir ni sus manos, escucha pasos y su respiración, toca a su alrededor y no hay nada, se toca la cara y efectivamente la luz es nula, recorre con sus manos su cuerpo y se siente desnudo, recorre con sus pies el cuarto y no hay nada a su alrededor, trata de seguir los pasos que oye pero éstos vienen y van de atrás hacia delante de la derecha a la izquierda y así de mil maneras, da vueltas con los brazos estendido, y no toca nada, se marea, se pierde, corre, se cocha, cae, se levanta abre lo ojos y se encuentra con la realidad, con su realidad, la cual no tiene puertas de logros, techos de amor, piso de compañía solamente hay fantasmas de viejos recuerdos que no lo dejan en paz, odio que le apagan las luces y un par de paredes de cobardía en las cuales siempre choca cuando trata de salir.
martes, 22 de octubre de 2013
NOAGUANTONIUNMINUTOMÁS
Escena 1. Exterior: Balcón. Mañana.
En el balcón está Felipe quien mira a través de
las rejas la plaza vacía, comienza a caminar y en su recorrido se come las
uñas, su respiración se acelera, sus ojos más que abiertos miran hacia la nada,
continúa comiéndose las uñas, se agarra la cabeza, sigue caminando, de reojo
mira un escritorio lleno de papeles, libros, bollos de hojas y una cartuchera,
otra vez se agarra la cabeza y nuevamente se toma de las rejas mirando la plaza
vacía.
(Voz en
off- Narrador)
-“Este es tu lugar, si, esa silla es tu lugar,
acá tenés que estar.”
Escena 2.
Interior: Cuarto vacío.
Felipe se
encuentra en una pieza, mira a su alrededor y no hay ni un mueble, se mira así
mismo y viste un traje y unos zapatos oscuros, el cuarto se encuentra iluminado
por luces de colores, las dos puertas están cerradas y no hay ventanas,
comienza a respirar aceleradamente y sus ojos
observan nuevamente todo el cuarto, un poco sudoroso se dirige
rápidamente hacia la puerta, su respiración se acelera cada vez más, sus manos
tiemblan y sin preámbulos agarra el picaporte de la puerta y comienza a
sacudirla tratando de abrirla pero no puede, se desabrocha el saco el cual en seguida se quita y se
desajusta la corbata. De nuevo agarra aquel y picaporte e intenta abrir y ante
tal frustración larga con pesadez un suspiro, cierra los ojos con fuerza y se
golpea la cabeza contra la puerta.
(Voz en off- Narrador)
-” ¿Querés irte? Pero si falta poco…”
Escena 3.
Interior: Oficina. Noche.
Ya no hay
nadie en la oficina, solamente Felipe sentado frente a su escritorio, sobre
éste último, una computadora, una impresora, varias carpetas y una taza de
café. La mirada de Felipe aunque se la vea un poco cansada mira sin pestañar la
pantalla, sus manos presionan velozmente las teclas de aquella computadora, su
pierna derecha tiembla, agarra la taza, sin despegar la mirada del monitor, y
toma del café ya frío, sigue trabajando, se agarra la cara, se soba los ojos,
bosteza y mueve la cabeza desde la derecha hacia la izquierda dos veces.
(Voz en off- Narrador)
-“¿Viste lo orgullosa que está tu vieja? No
tenés que agradecerle nada, todo el sacrificio que hiso por vos… Para que
tengas una carrera y sigas los pasos de tus hermanos”
Escena 4.
Interior: Cuarto vacío.
Su cabeza
sigue apoyada sobre aquella puerta que nunca pudo abrir, mueve la cabeza y los
hombros en movimientos circulares tratando de relajarse, se mira las manos y desabotona los botones del
puño y luego hace lo mismo con los
primeros botones de la camisa. Quitó esa postura totalmente erguida, su mirada
está más que relajada y nuevamente trata de abrir la puerta la cual tiembla
debido a toda la fuerza que idquirió en esos minutos de reposo y que ahora
utiliza para abrir la puerta que finalmente se abre, a todo esto la cabeza la
tenía agachada mirando sus manos sudorosas que por mucho tiempo trataron de
abrir esa maldita puerta que lo tenía encerrado en un pieza cuadrada y sin
salida, al levantar la cabeza se encuentra con la sorpresa de que atrás de esa puerta
hay otra puerta la cual trata de abrir desesperadamente, casi llorando, respira
cada vez con mayor dificultad, cierra los ojos y ésta vez con mayor decisión
golpea su cabeza contra la segunda puerta.
(Voz en off- Narrador)
-“¡Felipe! Te dije que estabas bien ¿Cuál es la
necesidad de hacer tanto lío? Tenías todo lo que querías, trabajo, dinero, el
orgullo de tus padres y muchas cosas más… (Suspiro)”.
Escena 5.
Interior: Habitación. Mañana.
Las paredes
son blancas, el techo también y en el piso está Felipe, acostado boca arriba y
viste una bata también blanca, sus ojos al igual que su boca están cerrados, no
hay rastros de ningún golpe ni de ninguna expresión, su pecho se eleva y vuelve
a su lugar tranquila y sucesivamente, en su cara se expande una sonrisa y luego
se abren los ojos, respira profundamente, primero levanta el pecho y luego la
cabeza, se mira así mismo, ve la bata que tiene puesta y sus pies descalzos
pintados de verde.
(Felipe- Voz en off)
-“Por suerte este traje no tiene botones”.
Anna Romatowski.
sábado, 17 de agosto de 2013
¿No ves que el tiempo se quedó a vivir?
Llorar ya no sirve mas, lamentarse menos, uno no puede contra el tiempo, éste que pasa sin frenos y nos lleva por delante, es un accidente ya que no se lo puede evitar...
Me veo como aquel niño que comienza tomar solo el colectivo hacia un destino, revelando en cada momento de qué se trata, de tomarle el tiempo, descubrir cuanto dura cada trayecto, tratando de ubicarse en el mejor lugar donde quede mas que cómodo, a veces llegar al final del colectivo cuesta además de conseguir un asiento, puede que no lo consiga y viaja cansado, espera que en el siguiente viaje pueda alcanzar aquel deseado lugar y sentarse tranquilo dejar que el colectivo haga lo que tenga que hacer, que no vaya lento ya que se encuentra un tanto entusiasmado y por qué no expectante... y tampoco rápido para evitar accidentes...
Pienso y me doy cuenta que la vida está llena de viajes, idas y vueltas, unos inevitables y otros deseados. Recorridos que nunca mas se repetirán, personas que miramos a través de la ventana del colectivo y éste al avanzar las deja atrás, otras se lo toman y siguen con vos, se bajan juntos y toman otro, o simplemente se quedan allí arriba y siguen de largo.
Lanna Romatowski.
Me veo como aquel niño que comienza tomar solo el colectivo hacia un destino, revelando en cada momento de qué se trata, de tomarle el tiempo, descubrir cuanto dura cada trayecto, tratando de ubicarse en el mejor lugar donde quede mas que cómodo, a veces llegar al final del colectivo cuesta además de conseguir un asiento, puede que no lo consiga y viaja cansado, espera que en el siguiente viaje pueda alcanzar aquel deseado lugar y sentarse tranquilo dejar que el colectivo haga lo que tenga que hacer, que no vaya lento ya que se encuentra un tanto entusiasmado y por qué no expectante... y tampoco rápido para evitar accidentes...
Pienso y me doy cuenta que la vida está llena de viajes, idas y vueltas, unos inevitables y otros deseados. Recorridos que nunca mas se repetirán, personas que miramos a través de la ventana del colectivo y éste al avanzar las deja atrás, otras se lo toman y siguen con vos, se bajan juntos y toman otro, o simplemente se quedan allí arriba y siguen de largo.
Lanna Romatowski.
domingo, 4 de agosto de 2013
Al pasar de noche por las vías, luces de colores obtendrás.
De repente de píe allí en medio de ese lugar, personas con valijas mirando sus relojes de mano y yo mirando a todos lados, no entendía muy bien qué hacía allí, ese no era mi lugar, no debería de serlo hasta que aprenda a convivir con mi frustraciones, al parecer estaba en esa estación de trenes, las personas con sus gorros de viaje lo cual designaba su camino hacia ese gran lugar desconocido, seguía preguntándome qué hacía ahí, quería salir pero sabía que había una razón, al igual que ellos esperaba algo que vendría y me llevaría para siempre, podría volver pero no iba a ser la misma.
Recuerdo esa última vez que inesperadamente me levantó el tren, lo veía de lejos y parecía que nunca iba a llegar, cuando lo hizo apenas subí comenzó rápidamente a poner en marcha los motores, no podía mantenerme en pié, no tenía equilibrio y caía, el recorrido no fue muy largo y eso depende del tren, cuando bajé me encontraba en ese otro lugar oscuro y sola, el maquinista no miró hacia atrás y se fue por eso a partir de ese momento nunca mas quise volver aquella estación pero eso no lo decido yo si no que el destino, la vida, la suerte o no sé qué...
Finalmente vi las luces del tren, era de noche y hacia frío, caía en sueño pero me mantuve en píe hasta que llegó y se estacionó, las puertas al frente mío se abrieron de par en par, había luz adentro y sabía que era mi momento, al pisar el primer escalón de aquel tren sentí escalofríos, temblaba como la primera vez, terminé de subir y allí estaba el nuevo maquinista, lo abrazé, le dije que estaba cansada y no me refería solamente al sueño si no en todo sentido y me respondió yo también, cerramos los ojos y comenzamos a soñar aquel viaje el cual, por lo menos yo, no quiro que termine.
Lanna Romatowski.
sábado, 13 de julio de 2013
Si pudiera matarlos a todos lo haría sin ningún temor.
Caminaba
rápido hacia mi casa, ese día habíamos salido temprano, faltaban un par de
pruebas para que el ciclo escolar termine, el sueño que sentía era muy pesado,
tenía forma de pequeñas masas la cuales estaban aglomeradas en pequeñas bolitas
sobre mi cabeza, mis hombros, en fin sobre mí cuerpo, la verdad que pesaban un
montón igualmente seguía con la espalda encorvada y la cabeza gacha, la cual
levanté para acomodarme el flequillo cuando de repente sentí como una de esa
partículas se resbalaban sobre mi frente, recorrían mi cara y se iban
depositando sobre mis párpados que anulaban mi vista, seguía caminando apenas
faltaban dos cuadras, eso me hacía un poco feliz, pero cuando éstas partículas
terminaron de cubrir totalmente mi cara, caí al piso y junto a mi cayeron las
pequeñas masas de sueño y mis apuntes y las fórmulas de matemática además de
las fechas sobre todo el proceso de la revolución de mayo, enlaces alfa beta y
el jugo pancreático, estire los brazos para que no se vayan, no logré
retenerlos ya que se esparcieron por toda la calle, y tuve la mala suerte de
que el semáforo se pusiera en verde y los colectivos y los autos y las motos y
los pájaros y esas personas grises pisaran todo mi trabajo, todo mi futuro,
todo mi bienestar, cómo los putié, no podía pararme, había colapsado y junto al
explote de mi cabeza, el explote de mi sentimientos, bronca, impotencia y sobre
todo cansancio.
Lanna Romatowski.
Lanna Romatowski.
miércoles, 3 de julio de 2013
Nene, dónde estés ¿Cómo estás?
Verónica,
una señora de unos 50 años, más o menos alta, delgada y con el pelo corto se
encuentra acostada en su cama, se la ve mirando fijamente el techo, se le
escapa una lágrima que recorre su rostro y se la seca, repentinamente se
levanta y camina hacia el armario que está a un par de metros de la cama, lo
abre, de allí saca un vestido rojo, a lado de tal armario se encuentra un
enorme espejo, seguido por un mueble lleno de maquillajes, perfumes, aros y
collares, se pinta, se peina y antes de ponérselo abrazada al vestido, comienza
a moverse lentamente, de un costado para el otro junto con su babeza, luego empienza
a girar, cierra los ojos y sonríe.
Antes de
abrir los ojos, una mano en su cintura la hace estremecerse, la toca suavemente
y recorre todo su brazo hasta llegar al hombro, alza la mirada y allí ve a un
hombre alto y un poco canoso, sonríe tímidamente, la música a su alrededor y
las luces hace parecer que son los únicos en la pista pero hay muchas parejas
más, bailan, ríen, evitan mirarse fijamente, hasta que sus miradas se
encuentran, todo se detiene, sus bocas lentamente acercándose una a otra, ella
lentamente cierra los ojos.
Siguió
asomándose pero nunca llegó ese beso, abrió los ojos y allí nuevamente sola en
su cuarto se miró al espejo, además de ver esas pequeñas arrugas que asienten
su vejez observó la soledad de su cuarto, comenzó con un pequeño sollozo y
terminó sentada en el piso llorando y gritando.
Lanna Romatowski.
lunes, 24 de junio de 2013
Todo el mundo sabe que la noche se cae.
Dos chicas
caminando por la calle de una manera particular, se desvían del camino es decir
no pueden seguir una línea, se chocan entre ellas, de vez en cuando se acomodan
las polleras de tuvo que llevan puestas, tienen los sus manos, la cara está
mancha por las sombras, el labial e incluso el delineador aunque traten de
arreglarse el maquillaje corrido por la cara es imposible, ambas son delgadas y
hermanas pero lo que difiere en esto es que la mas alta, Camila, tiene el pelo
negro y un par de ondas en el pelo en cambio Lucia, la más petiza mantiene el
castaño natural heredado por sus madre, y lo tiene planchado es decir lacio. Al
llegar a la entrada de su casa la cual presenta un puerta alta y blanca además
de unos escalones de mármol, Lucia saca de su cartera las llave y la pone en la
cerradura cuidadosamente sin hacer ningún ruido y suavemente abren la puerta
Se observa a
un hombre con la mirada seria sentado en un sillón, tiene las piernas cruzadas,
luce unas pantuflas y el pijama, ojeras en su cara y un despeinado “look” en su
cabeza, es sus piernas reposa un cinturón de cuero y la hebilla en su mano,
éste se para y hace una señal para que lo sigan, las hermanas se miran entre
ellas, se agarran las mano y van atrás de él.
Una pieza
más o menos amplia, dos camas, un placar pintado, las mochilas en el piso, una
mesa y libros que reposan arriba de ella, el padre señala a Lucia que no le
llega ni a los hombros al padre, ésta se acerca a él y antes de que pudiera
emitir alguna palabra el padre le pega una cachetada, que la despierta un poco
y a la vez la marea, retrocede y se sostiene sobre la mesa, Cecilia sentada en
la cama lo único que hace es llorar, el hombre se dirige hacia ella par
agarrarle de los pelos, sacudirla y tirarla para atrás, nuevamente va hacia
donde se encuentra Lucia, por fin utiliza el cinto y se lo tira en las piernas
lo cual le hace perder el equilibrio y se cae, Cecilia trata de salir pero no
llega a la puerta ya que ahora es el turno de ella, y el cinto cae sobre su
espalda, grita, se desploma y cae sobre los pies de su padre, Lucia
arrastrándose hacia ella la abraza, el padre las mira con indiferencia y sale
de escena.
Lanna Romatowski.
sábado, 15 de junio de 2013
El tiempo no para.
Hay una cocina seguida por una mesada y la pileta para lavar
los platos a lado una heladera pequeña blanca. Al frente, una mesa de
madera donde reposa un termo de metal y
un mate de madera, una única silla donde
reposa un sacón rojo y una mujer mayor con el pelo corto, ella sola en la mesa
mira a su alrededor, suspira, saca de uno de los bolsillos del tapado rojo una
entrada, la mira y lee –“La cena en tres
partes” (comedia musical) Día 21 de septiembre a las 23:30 (única función)-.
Finalmente se para, agarra el tapado y se dirige hacia su cuarto con la entrada
en la mano.
En la habitación un armario peculiar, una cama de dos
plazas, un gran espejo y un mueble lleno de maquillaje, Cecilia agarra de aquel
armario una pollera, una camisa y un pañuelo, se viste y se mira al espejo, antes de pintarse
observa las pequeñas arrugas que lleva en el rostro, se maquilla y finalmente
se pone el tapado para salir.
Se la ve caminando
por la calle, mira hacia delante y ve “Teatro Flores”, sigue caminando y antes
de llegar mira a su derecha, una puerta blanca, la mira asombrada y se acerca,
toca la puerta y ésta es abierta por un chica adolecente vestida con ropa de
fiesta y un vaso en la mano, hace un gesto invitándola a pasar Cecilia no lo
duda y entra.
El lugar es bastante amplio, muchos chicos bailando, una
mesa llena de botellas de alcohol, vasos tirados, luces y miradas
desencontradas, mira a su alrededor y nota que todos la miran, ella retrocede
un poco asustada y se trastabilla, mira hacia el piso y ve que es sus pies
tiene una zapatillas rojas viejas y un jean, se sigue mirando y ve en su torso
una remera suelta, se mira las manos mas gorditas, uñas raramente pintadas de
azul, mira nuevamente a su alrededor y se acerca un chico quien la invita a
bailar, ella lo mira tiernamente, cuando están a punto de besarse llega
nuevamente la chica que les abrió la puerta y les ofrece una vaso grande a cada
uno, aceptan, pasa el tiempo y ya son más 5 vasos que están tirados alrededor
de ellos, ella un poco mareada se apoya a la pared, bosteza, cae en sueño y
luego al piso.
Se despierta apoyada en la misma puerta de la entrada, un
hombre sosteniéndola y a su derecha, al parecer, la esposa de éste señor tiene
en sus manos un teléfono, Cecilia se endereza, mira el reloj que se encuentra
en su muñeca y de paso observa su mano que
está más delgada, más pálida y con pequeñas manchas
hepáticas, su reloj marca las 23:30, mira a su alrededor y sin decir alguna
palabra, se arregla el tapado, se peina un poco, alza el mentón, camina
haciendo ruido con los tacos y entra al
teatro.
Lanna Romatowski
miércoles, 12 de junio de 2013
Y es que al fin mi duende se abrió, tiene un corazón.
El patio es
bastante amplio, allí cinco amigos juegan a la pelota, de vez en cuando unas
carcajadas, golpes amistosos y siguen jugando. Uno de los amigos saca del
bolsillo de su pantalón un celular, se despide de todos y así consecutivamente
se van yendo de a uno, hasta que Lucas se queda sólo, está un poco transpirado
y se dirige al baño.
Lucas
envuelto en una toalla, se dirige hacia
el armario, lo abre y ve ropa de mujer, desde camisas hasta vestidos, de allí
saca un vestido azul y lo reposa sobre la cama, se mira al espejo y luego la
cómoda donde hay cremas, sombras, pinta labios, etc. Los prueba sobre su
rostro, luego se pone el vestido, y se agacha para ponerse unos tacos, escucha
que la puerta se abre, asustado mira y es su padre, fallidamente trata de
sacarse el maquillaje pero no puede, el hombre que entra resulta ser su padre
quien lo agarra del brazo lo sacude y lo lleva hacia la puerta.
El patio
solitario tiene en una de sus esquinas la pelota que fue utilizada
anteriormente por los chicos, el padre la agarra, y señala hacia la pared dónde
Lucas con el vestido puesto y la cabeza gacha va, el hombre comienza a pegar
pelotazos, Lucas se tapa en lo posible las partes de su cuerpo, igualmente los
golpes le llegan, de a poco se va cayendo hasta que finalmente termina en
posición fetal llorando.
Lanna Romatowski.
miércoles, 24 de abril de 2013
El niño flamenco.
Era nuevo en la escuela y ya contaba con un apodo y con algunos compañeros que no permitían que su soledad sea absoluta.Siempre tuvo ese sueño de agarrar una par de remeras, unos calzoncillos, medias y tres pantalones, uno largo, el otro corto de futbol y uno que le quedaba medianamente por las rodillas, y ese buso que nunca lo abandonó desde los 14 años, ese buzo que lo llevaba desde la escuela hasta las peñas de los fin de semana, vale aclarar que desde entonces no creció mas ya que a esa edad fue cuando pegó su último estirón, o al menos eso decían ya que desde su décimo cuarto cumpleaños no media mas de 1,60, bastante por cierto, contaba también con unos amuletos de la suerte que no eran mas ni menos que las bolitas que usaba para jugar todas las tardes con su vecino y fiel amigo, Marcos, a quien siempre le gana y era el único ya que con los demás siempre perdía, una de tantas cosas que entrarían en su mochila ese día que el decidiese irse de su casa, escapar hacia el campo, correr al bosque a preguntarle a un nogal si es verdad que llueven rosas de cristal como él siempre decía y también el creador de ésta bella canción, pero su destino fue otro y repentino, a sus padres les ofrecieron nuevos puestos de trabajo por ende como buenos siervos del sistema siguieron lo que se les impuso y decidieron viajar hacia La Plata y ahorrarse 2 horas de viaje, Jerónimo, como se llama nuestro protagonista, no tartamudeó en aceptar tremendo cambio ya que se asemejaban a lo que era su sueño, el de cambiar de vida, lo cual lleva a empezar una vida de nuevo, una mas exitosa, quizás, si bien lo que tenía que llevarse a su nueva casa era todo decidió, después de un largo debate entre él y su espejo, dejar escondidas sus gloriosas canicas escondidas en el patio. El camión de mudanzas partió y sus esperanza de triunfar junto a su familia también.
El era delgado pero flacura lo hacía aún mas alto, nunca hizo deportes y tampoco engordó como lo suelen hacer las personas que pasan todos los días sentados.
Al llegar a la escuela, ya comenzado el ciclo escolar, todas las miradas se posaron en él y también un par de risitas y miradas burlescas, no quería creer que había comenzado con él píe izquierdo, pero pronto se enteró de su nuevo apodo "El niño flamenco", si bien era bastante notable por qué lo decían, debido a su altura y sus finitas piernas, él no lo vio de esa manera, es más se sintió alagado, por más que quisiese ver el lado malo él siempre veía el bueno, el lado que lo alagaba, el lado que lo hacía sentir bello, fue a un internet que había una cuadra de su casa y se quedó hipnotizado frente a la pantalla, contemplando su caminar, su fineza al posar e inclinar su cabeza hacia el agua, sintió orgullo y un poco de honor, era poseedor de sordera y de optimismo.
lunes, 18 de marzo de 2013
Y de repente todo se vuelve realidad.
Como salía hacer todos los fines de semanas, me desperté temprano para ir a misa y de allí a la plaza mas cercana con mis 5 hermanos, por cierto todos hombres, nunca me salvaba de estar en el arco y comerme todos lo pelotazos, no me quejaba... Ese día volvimos temprano pero sucios debido al barro que fue provocado por la lluvia de la noche anterior, llegamos y mi madre nos dio un pequeño grito a cada unos pero no era tan grande, nos fuimos a bañar y después de 3 horas nos sentamos a comer todos (viendo que eramos 6 las personas que se tenían que ducharse) mi padre sentado en la punta de la mesa hambriento nos apuró para poder dar las gracias, comimos y como hermana mayor me tocó lavar los platos, siempre me tocaba lavar lo platos, el punto no es ese, pero vale aclarar que luego ellos se encargaban de secabarlos, me parecía un lindo día a pesar de los entretiempos, me sentía bien, no había nada malo en mi vida, nada, mi pesadilla comenzaba cuando realmente tenía que despertarme, abrir los ojos y ver la realidad, cruel y solitaria realidad, despertarme todas las mañanas, ver el sol y acompañarme con una taza de café era lo único que hacía además de soñar.\
Lanna Romatowski.
viernes, 8 de marzo de 2013
Estoy buscando refugio en mano de una pared
Desolada caminaba por la avenida Corrientes, hora pico, por supuesto mucha gente, escuchando música intente atravesar todo esa especie de selva, la cual tenia como participe a personas con maquillaje en la cara, de todos los colores, otros llevaban en su rostro una mascara, un antifaz, algo que los distinguía de cada uno de ellos pero a la vez tapaban lo que realmente eran, mientras avanzaba mas rápido el paso, ellos pausaban su movimiento y cada uno me miraba fijamente a los ojos o eso era lo que sentía ya que mi mirada tenia un punto fijo, un camino marcado al cual parecía no llegar mas, cansada seguía caminando, casi arrastraba los pies, supongo que la pesadez que llevaba encima mio me llevo al piso y me caí de rodillas, todos me rodearon, ninguno emitió una palabra menos una mano, al levantar la vista visualice a un hombre que se acercaba, luego otro y otro, todos formando una ronda mas reducida alrededor mio, levante la cabeza y los vi a ellos, sus rostros mirando hacia abajo y su mirada acusadora clavándome en cada centímetro de mi imagen, mire a mi alrededor y veía pies, muchos pies, sucios, eran pies grandes, todos me miraban, me miraban, me reducian, me acariciaban, me enterraban.
Lanna Romatowski.
sábado, 2 de marzo de 2013
Cómo qué tenés que irte?
Debajo de lluvia, viendo caer las gotas de agua y partes de tu cuerpo, miro al frente mio y te vas construyendo de a poco como nuestra amistad, nunca mas te vi desaparecer, estuviste en mi mente todos los días de mi vida, lo único que no pude recuperar fue tu mirada, esos ojos marrones y achinados de tanta sonrisa ya dibujada en tu cara, lloro y mis lágrimas se pierden en la espléndida lluvia que nos trae luces y me enceguecen como en esa última fiesta llena de flashes y música.
Lanna Romatowski.
Lanna Romatowski.
jueves, 28 de febrero de 2013
Eso no te da derecho a mirarme de reojo.
Con la angustia y el dolor que llevaba en mis manos y cabeza fui hacia el baño, recordaba aquella tarde en la que mi papá por última vez me dijo "va a estar todo bien", frase que llevé durante toda mi vida, en esos 15 años que lo conocí, desde mi nacimiento hasta su muerte, siempre hubo un apoyo, un oído y un hombro en el que me podía apoyar para llorar la ausencia de mi madre, el era viejo y sabía que no iba a vivir mucho tiempo mas, aproveché todo el tiempo que pudiera estar con él , amaba hablar con él, amaba como hablaba, amaba sus expresiones, lo amaba a él, desde pequeño anhelaba ser como él, él era mi mundo, él era todo lo que tenía, él era mi libro de la vida, siempre me contaba las cosas que había vivido, que lugares había visitado en su época de mochilero, la gente que por buena suerte conoció, aunque muchas de esas personas no eran gratas, el decía que alguna cosa por lo menos le habían transmitido, algún conocimiento, que tarde o temprano se lo otorgaría a su hijo mayor, para que éste luego se lo contara a su hermanos menores y así sucesivamente hasta llegar a sus propios hijos, así fue como conocí a gente y a lugares con la imaginación , algo que él siempre trataba que hiciera, IMAGINAR. Pero nunca hubiese pensado y menos imaginado las luces blancas que alumbraban las paredes blancas que por efecto hacían mas brillante, mas clara, mas luminosa la casa, con ese cuerpo apagado y chiquitito en una esquina de la cocina, seguida por la imagen de mi mamá en el mismo lugar tirada con sangre en la muñecas, en su cara, en su ropa, de repente sucesivas imágenes que se iban colando en mi mente, imágenes que pasaban rápidamente y volvían a pasar inundaban mis pensamientos, me ahogaban. Decidí sentarme a lado de él y contarle lo último que había escrito de una forma u otra lo veía sonreir, estaba muy contento incluso me felicitó, traté de llevarlo al sillón pero como era muy pesado lo dejé al pie de las escaleras, me fui a dormir y al dia siguiente fui de nuevo a la escuela, volví, cociné, pero él no quiso abrir la boca para comer así que dejé el plato a su lado para cuando quisiera hacerlo, y fue así por una semana, los vecinos llamaron a la policía ya que no lo había visto en toda la semana, pensé, que ganas de joder que tiene la gente, si una persona no quiere salir no sale, es su problema, llegó la policía y me acusaron de cruel y frío de como podía haber dejado a mi padre allí tirado, le expliqué pero no entendieron, luego se oyeron las sirenas de la ambulancia llegaron los doctores y me querían hacer unos análisis -¿Para qué?- pensaba, me trataban de loco, si no me conocían, nunca me hablaron menos mis vecinos.
LannaRomatowski.
LannaRomatowski.
miércoles, 27 de febrero de 2013
Vos, las hojas y yo.
Acuerdo haberme enamorado por primera vez, ese invierno fue hermoso, cálido y lleno de alegría, nunca sentí frío nunca sentí calor, estabas vos y nadie mas, era lo único que necesitaba, no medía el tiempo, no medía mis sentimientos, cada vez crecían mas, mas y mas, no lograba comprender lo que me pasaba, estaba perdida, sentía lo mismo de tu parte, percibía en vos esa locura que nos envolvía en aire, vientos, hojas secas, pero a medida que pasaba el tiempo me di cuenta que te ibas encontrando, que esa lujuria se desvanecía, decidí ir tapando de a poco mis sentimientos y dejarte libre, pero antes de eso te pregunté qué era lo que te pasaba, qué sentías, qué querías, nunca supiste responder, no sé si se me rompió el corazón pero entendí que la desconfianza sería mi mejor amiga y que mi vida, ahora, se iba a sumergir en una mar de rabia.
Lanna Romatowski.
jueves, 21 de febrero de 2013
Tu silueta es atrapante.
La luz bajó su intensidad y al fin pude distinguir el lugar en donde me encontraba, al frente mio un pasillo largo, paredes celestes, piso azul, caminé hacia adelante hasta llegar a la puerta que se encontraba al final del largo camino, una puerta de madera marrón y un picaporte dorado, al tocarlo me estremecí, abría la puerta hacia adentro y estaba todo oscuro, sólo una luz alumbraba a aquel hombre que se encontraba amordazado, con los ojos tapados, la cabeza gacha y unas ropas pobres que cubrían su cuerpo, desde el lugar que me encontraba pude distinguir su respiración, esa respiración de la cual tuve que acostumbrarme a sentirla cada noche, caminé, me agaché y apoyé mi cabeza en sus piernas como lo salía hacer cuando le pedía perdón, emitió un gemido, cerré los ojos como en todas mis pesadillas y al abrirlos seguía allí, no entendía por qué pero seguía allí, tal vez el sueno era pesado que no logré despertarme nunca mas.
Lanna romatowski.
Lanna romatowski.
martes, 19 de febrero de 2013
No pienses mas, yo sé que lo necesitás.
''Me paro, me siento, me paro de nuevo y camino, recorro mi casa, miro las fotos, se me caen un par de lágrimas las cuales saboreo, pienso en lo que fue mi pasado y me arrepiento de mi presente, realmente no sé que hacer, me ahogo en un mar de pensamientos recuerdos y soledad; ellos ya no están, no sé como sigo acá.''- Carla, 17 anios, arresto domiciliario por asesinato de dos mayores.
Lanna Romatowski.
Lanna Romatowski.
sábado, 16 de febrero de 2013
A ningún lado voy.
Como ningún día me desperté temprano, muy temprano, digamos que a la hora que se fue mi mamá a su trabajo, decidí quedarme acostada en mi cama con los ojos cerrados y respirando profundamente, una especie de meditación, trataba de no pensar ya que lo que me había pasado las dos últimas semanas no eran cosas agradables para recordar... después de una hora mas o menos me levanté, me bané, me vestís salí a caminar sin ningún destino, pero siempre para el lado izquierdo, doblé en la avenida, nuevamente me dirigí para la izquierda y vi la parada del colectivo número 23, nunca me había subido a esa línea de colectivo ya que su destino no era igual al mio, igualmente subí, pedí $1,70, el colectivo estaba con poca gente, caminé hasta el fondo y me senté en el último asiento, desde allí podía observar a todos los pasajeros, primero una señora embarazada con una sonrisa en la cara que me transmitió un poco de serenidad, luego una madre retando a su hija y ésta llorando, lo cual cambió un poco mi humor, después una mujer con el espejo en la mano mirándose desde el segundo uno que subí al colectivo, un tipo con la cabeza sin un pelo poniéndose una crema en el cuero cabelludo... No podía creer lo que veía, desde una embaraza feliz por el simple hacho de llevar vida en su vientre hasta personas a las que sólo le importaba su aspecto físico, "gente" pensé y me bajé en la siguiente parada, que no sé cual era.
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