Recuerdo esa última vez que inesperadamente me levantó el tren, lo veía de lejos y parecía que nunca iba a llegar, cuando lo hizo apenas subí comenzó rápidamente a poner en marcha los motores, no podía mantenerme en pié, no tenía equilibrio y caía, el recorrido no fue muy largo y eso depende del tren, cuando bajé me encontraba en ese otro lugar oscuro y sola, el maquinista no miró hacia atrás y se fue por eso a partir de ese momento nunca mas quise volver aquella estación pero eso no lo decido yo si no que el destino, la vida, la suerte o no sé qué...
Finalmente vi las luces del tren, era de noche y hacia frío, caía en sueño pero me mantuve en píe hasta que llegó y se estacionó, las puertas al frente mío se abrieron de par en par, había luz adentro y sabía que era mi momento, al pisar el primer escalón de aquel tren sentí escalofríos, temblaba como la primera vez, terminé de subir y allí estaba el nuevo maquinista, lo abrazé, le dije que estaba cansada y no me refería solamente al sueño si no en todo sentido y me respondió yo también, cerramos los ojos y comenzamos a soñar aquel viaje el cual, por lo menos yo, no quiro que termine.
Lanna Romatowski.
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