Con la finalidad de emprender ese tan querido viaje y conocer a sus verdaderos padres, viajo con sólo una mochila en la que tenía una remera manga largas y un buso por si hacía frio, y con unos cuantos billetes que sumandolos no pasanban los $100, ya que sólo eran 5 horas de viaje y sus padres la estarían esperando en la terminal con algún regalito, cuando llegó no había nada, ni padre, ni madre, ni hermanos, ni personas, y menos un regalito, había dejado atrás el rencor, el pasado y la angustía de saber quienes nunca la habían amado, estaba decidida dejar todo, a sus padres adoptivos a todo el amor que ellos le daban por su verdad, su verdadera vida, al bajar del colectivo toda su bronca volvíó nuevamente hacia ella, pero pensó, pensó y pensó, tal vez era que estaban avergonzados de lo que habían hecho, o no tenían plata, o el miedo que se les había presentado hace 17 años atrás volvió a renacer, o quizás no la querían, trato toda esa tarde de encontrar explicaciones, nunca las encontró, recorrió las costas de norte a sur, tanto era su cansancio que se tiró a la arena boca arriba y se quedó dormida, al despertarse ya las 11 de la mañana, sin reconocer el lugar en donde estaba, miró a su alrededor, no recordaba haber alquilado un cuarto en un hotel, o eso al menos parecía, caminó hacia la puerta, era blanca al igual que las paredes, trató de abrirla pero no pudo, estaba cerrada con llaves, decidió esperar sentada en la cama hasta que un hombre abrió la puerta, la miró y le dijo que no diga nada y que se ponga la ropa que el le había traído, ella no aceptó, obedeció las ordenes de aquel hombre alto, simpático y con cara cuadrada, sin hacer ruido salió junto con el hombre caminaron por un pasillo bajaron las escaleras, no había nadie, salieron de la casa, entraron al auto y no se supo nada de la chica, ni siquiera un reclamo.
Lanna Romatowski.
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